sábado, 25 de julio de 2015

De Nicaragua a Ushuaia en bici, sin estómago, colon ni recto.

Esta es la historia de Juan, un muchacho de 30 años que ha pasado por una serie de cirugías para evitar sufrir cáncer (los médicos le quitaron estómago, intestino grueso y vesícula biliar) y después de ellas, se dio cuenta, que no somos nada si no ayudamos a los demás. A el se le ocurrió recorre Latinoamérica ayudando desde su profesión de enfermero.




¿Cómo nació la idea del viaje?

La verdad es que hacía tiempo que tenía en mente, ya desde cuando empecé a estudiar enfermería, incluso antes, el hacer algún tipo de trabajo de corte social, involucrarme con el mundo que me rodea. Está bien la idea de hacer donaciones de dinero, supongo, pero a mi entender, no tiene gran sentido, cuando es bien sabido que esos aportes económicos, no acaban llegando enteramente al destino que merecen.

Trabajo de camarero en un pub de un pueblecito de North Yorkshire llamado Masham y una tarde, uno de los clientes habituales, hablando acerca de mi manía por correr y hacerlo recaudando fondos para La Esperanza de Granada, se sembró la semilla del viaje. Stef, mi amigo y casi mecenas, es dueño de una tienda de bicicletas y patrocina un equipo de descenso de montañas, Cycopath Cycles (la primera cuña publicitaria, tenía que ser para él, jajaja) y no se ni como, pero le salió del alma decir que me patrocinaría y me ayudaría como buenamente pudiera. Que le parecía fenomenal lo que estaba por hacer en Nicaragua, pero que por qué no le daba una idea más grande a mi aventura.

Sabía de lo que hablaba, puesto que ya tiene costumbre de empujar a otros ciclistas a hacer cosas grandes y luego disfrutar de ver como van aprendiendo. Se puede decir que esto es como una de esas grandes historias de las películas, en una barra de bar y con un “ no hay huevos” de los que, realmente, mueven el mundo.

Cerca de 8 meses después, aquí estamos, escribiendo y explicando en qué lío maravilloso ando metido, tratando de hacer, de esto, la mayor sonrisa que pueda lograr.


Cuéntame de tu enfermedad. ¿Cuándo te diagnosticaron? ¿Cuál es el pronóstico? ¿Cómo ha cambiado tu vida?

Lo que llevamos en los genes de la familia es una mutación de un gen, llamada Poliposis Familiar Múltiple. Esto es que, a lo largo del tubo digestivo, van apareciendo una serie de bultitos (pólipos), que tienen la habilidad de pasar de ser simples bultos a ser tumores.

Papá tuvo cáncer de colon y al parecer, la abuela y tíos, fallecieron de ello mismo. Él está recuperado, lo cual es gran noticia, porque luego, gracias a todo el lío, se dieron cuenta de la carga genética y con unos 13 años, empezaron las pruebas, fondos de ojos para confirmar el gen, más adelante, colonoscopias, rectoscopias y todas las pruebas invasivas que eran necesarias para asegurarnos que no nos pillara el toro. Viene a ser que hay que ir por delante de la enfermedad. Yo nunca he tenido cáncer, pero era una certeza, que lo acabaría desarrollando, debido al número de pólipos en estómago, colon y recto. Por tanto, la opción de la cirugía profiláctica (en previsión), era la única, si no queríamos correr el riesgo de desarrollar algo tan peligroso como es el cáncer que todos conocemos.

El pronóstico de esta enfermedad es realmente bueno, siempre y cuando, se vayan anticipando los controles a las mutaciones de los pólipos. Puede sonar a salvajada (que en cierta manera, lo es), pero el operar en avance, es lo único que se puede hacer. Existe medicación que retrasa el avance de los pólipos, pero por el momento, es algo temporal, así que tampoco tiene mucho sentido. Una vez te recuperas de las operaciones, si tienes cierto espíritu de lucha, de querer ir más allá, de no dejarte abandonar, se pueden hacer cosas maravillosas. Cuesta. Mucho. Es un camino realmente duro, por eso, vale la pena recorrerlo.

Mi vida no se si ha cambiado, me atrevería a decir que no, que simplemente me he ido adaptando, puesto que, mi desarrollo como persona, la adultez, ha venido acompañada por pruebas, médicos, hospitales y es algo que siempre ha formado parte de mí. No ha sido algo violento, de hecho, no me llego a plantear la vida si no hubiera pasado por todo esto. En cierta manera, casi que puedo dar las gracias, a lo que me ha ido sucediendo, porque me ha forjado de manera diferente a lo que puedo ver a mi alrededor. 
 
¿Por qué decidiste ser enfermero?

¡Esta pregunta es sencilla! Jaja. Esto no es algo que decidiera sino que, entre mi curiosidad natural por la ciencia y el tiempo pasado entre hospitales, pues acabó por devenir. Me di cuenta de que me gustaba sentirme cuidado y como lo hacían con humor y quería ser así. Intenté apretar para entrar en medicina, en la universidad, no lo logré, pero encontré unos estudios que acabé amando desde mis primeras prácticas en el hospital, curiosamente, en la unidad de Cirugía Digestiva de la Vall d’Hebrón de Barcelona. Curar y cuidar es algo serio y aunque siempre esté riéndome, creo ser un tipo serio, así que, supongo que fue cosa de la insistencia del destino, de que yo pasara tiempo en hospitales y pudiera cuidar, con el punto de vista del que ha sido cuidado.



¿Desde cuándo practicas deporte?

Desde pequeño, ya jugaba a baloncesto, nunca he sido fan de los deportes populares y masivos, frontón, bicicleta. Mis padres ya pueden decirte que era un niño muy pesado, siempre activo y haciendo cosas, así que era una buena manera de quemar energía. Me ha parecido siempre algo importante, puesto que asienta la cabeza y permite ver las cosas con calma. Llevo corriendo desde hace un año y medio y me encanta, es el deporte perfecto para mí, puesto que no hay contacto físico con el que me puedan dañar y aparte, me permite no pensar en nada y estar concentrado. ¡En un año y medio, he pasado de correr 4km y acabar sonriendo y exhausto, a correr, la semana pasada, un trail running de 32km en unas 4h29’! Y encuentro que, conforme me aparece un límite, la mente, me pide superarlo y eso, se vuelca en la vida diaria y es genial. ¿Lo de la bici? Pues ha sido algo realmente reciente, pero que pienso disfrutar al máximo.

¿Cómo crees que tu historia y tu viaje van a impactar a las personas?

Tan simple como esto: “¿Cómo puede ser que este tío, medio vacío por dentro, siga sonriendo y empujando por hacer algo que no debería ser así? Debería estar tranquilamente en casa, cuidándose y disfrutando de una vida tranquila.” El tener mis condiciones físicas, mi historia y sobretodo, mi alegría por enamorarme de la vida diariamente, estoy seguro de que pueden empujar a aquellos que están pasando un mal rato. Porque yo he pasado ese mal rato, he estado en esa cama de hospital, bien jodido y soñaba con ser como aquellas personas libres que vivían felices haciendo lo impensable.

Ahora, soy una de esas personas que hacen lo impensable, una de esas en las que me fijaba. Ojalá pueda sacar unas cuantas sonrisas, con esto, para empezar. Así seguiré animando a hacer estas y otras locuras.

¿Hace cuánto vives en Inglaterra? ¿Dónde naciste?

Llevo en Masham cerca de un año y dos meses y estoy enamorado de este pedazo de tierra perdido en la nada, del mundo. Se que en España hay sitios, como mínimo, como este. Ya los disfrutaré, seguro, pero estoy aquí ahora y es un lugar maravilloso. Como me dijo un amigo al poco de llegar, “ya verás, este sitio se queda un pedacito de tu corazón”.

Nací en Valencia, pero aquellos que me conocen de toda la vida, saben que soy un hijo de Benimaclet, un barrio humilde de Valencia, con una manera diferente de ver la vida. Tranquilo, un pueblo dentro de Valencia, en el que se sigue jugando con la pelota en la plaza.

¿Qué dicen tus amigos y tu familia de la travesía?

No somos conscientes, ninguno, de lo que se nos viene encima. Es algo que, como todo en mi vida, cuando llegue, empezaremos a valorar sobre la marcha. Mi madre está asustada, como buena madre. A la par que tremendamente orgullosa. Mi padre no es de mucho hablar, pero no me ha dado un sermón, ¡así que asumo que está de acuerdo! Jajaja
Mis amigos, la familia escogida, están pendientes de ver como va yendo la cosa, pero están contentos por mí, porque han vivido en primera persona, todo por lo que he pasado. Diré lo que todos pueden decir, pero es verdad. ¡TENGO LOS MEJORES AMIGOS DEL MUNDO! Un par de ellos, de hecho, hasta llevan como yo, tatuado, mi estómago. Aparte de todos ellos, está una persona pequeñita que me ha ayudado a marcar ciertos objetivos, una meta, para volver a casa. Aquí es cuando me sale la sonrisa boba y pienso, madre, hay un año casi de por medio, que será duro y complicado, pero que cuanto más lo pienso, más me vale la pena, el querer hacerlo, para volver a casa.



¿Qué complicaciones afrontarás teniendo en cuenta tu condición médica?

Sobretodo, el tema del agua, es lo que hay que tener más en cuenta. Al no tener colon, que es el que se encarga de absorber el agua, pues necesito bastante más de lo que cualquiera de vosotros, necesitáis. Así que, tocará cargar con muchos litros, por lo que pueda pasar. Lo demás, pues es ir con calma y cuidado, comiendo constantemente. Pero no es algo que sea una gran complicación, ya que estoy muy concienciado con ello. Hasta en las carreras que hago, paro para comer, ya sean plátanos, barritas, lo que sea. Lo importante es siempre, saber cuales son tus limitaciones para poder jugar con ellas.

¿A qué le tienes miedo?

A nada. A todo. Y es eso mismo es lo que me motiva. Soy como un niño pequeño, la curiosidad me mueve. No se lo que hay a la vuelta de la esquina y solo quiero descubrirlo. Se que lo voy a pasar genial y lo voy a pasar fatal. Va a ser realmente duro, pero ¿qué es sino, la vida? Ha sido mi elección, porque podría quedarme aquí, correteando por la montaña, siendo uno más. Mira, eso. Eso me da miedo, ser uno más. Creo que es eso, lo que me motiva a seguir creando mi propio camino, alejado de cualquier intento de rutina.


¿Qué es lo primero que te gustaría hacer cuando llegues al final de tu viaje?

Se lo que va a suceder, que voy a romper a llorar, como cada vez que llego a la meta de un reto más, de los que voy venciendo.

Es complicado imaginarlo, pero me gustaría que en el cartel de “El Fin Del Mundo” que se encuentra en Ushuaia, estuvieran mis padres, mi hermana Gracia, mis amigos, gracias a los cuales, soy lo que soy, ahora, por ser impertinentes y empujarme lejos de cualquier rastro de enfermedad. Que estuviera Stef, ¡cree que moriré por el camino jajaja! Y sobretodo, ella, porque no hay mucho sentido en la vida, si no puedes compartirla de manera especial con alguien, aparte de compartirlo todo con todos. Tener mi rincón dentro de tanto bullicio, para dos.

Difunde su viaje en twitter!

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