domingo, 17 de diciembre de 2017

Me quiero ir a la mierda (o al menos de este país)

Siempre tuve en mente irme a la mierda, mientras más lejos mejor, para ser feliz y vivir en un buen lugar. Un lugar donde las cosas se hagan bien y no se ate todo con alambre, donde se premie lo correcto y no exista la viveza criolla, donde se pueda caminar tranquilo, sin tener que andar perseguido, mirando a todos lados, un lugar donde las personas sean amables y generosas, donde se procure el bien general por encima del individual, donde se cuide la salud y el medio ambiente, en fin, un lugar donde se viva en armonía.



Aunque hoy sepa que no existe, en mi mente, ese maravilloso lugar siempre fue "el primer mundo". Crecí con la idea de que lo de afuera siempre es mejor y que lo nuestro no tiene valor. Tanto me lo creí que no fue hasta que comencé a explorar el mundo que puede poner todo en contexto y comprender lo valiosos que somos, las maravillas que tenemos, el gran legado cultural que poseemos y que no conocemos o incluso despreciamos. Además, me dí cuenta que afuera no todo es tan bonito como parece, que muchos países piensan lo mismo respecto a su situación, y que si bien, muchos están mejor, otros están igual o hasta incluso peor.


Por mucho tiempo pensé que vivir en otro lugar o tener otras circunstancias de vida me harían feliz, que luego de conseguir X cosa me sentiría completamente lleno y realizado. Pero creer que la felicidad se encuentra en un titulo, un ascenso o cualquiera sea nuestra próxima meta es una mentira. En la medida que no aprendamos a valorar lo que tenemos vamos a sufrir, por que las metas realizada al poco tiempo se vuelven obsoletas, ya que cuando conseguimos eso que tanto anhelamos, inmediatamente comenzamos a pensar en lo siguiente "y ahora, ¿qué sigue?", dejando lo logrado en segundo lugar. Es por esto que mientras sigamos enfocados en el futuro, en el pasado o en lo que no tenemos, vamos a seguir padeciendo.


Lo que no tenemos es infinito y si no somos felices aquí y ahora con lo que somos y tenemos, nunca lo vamos a ser. El "ya fue, que se vaya todo a la mierda, vendo todo y me voy" puede sonar muy lindo y a lo mejor sea una opción que nos traiga beneficios, pero solo a corto plazo. En casa soñamos que viajando podemos emborracharnos de belleza y perder la tristeza. Meter las cosas en la maleta, abrazar a nuestros amigos, embarcarnos, y al fin despertar en nuestro destino, pero a nuestro lado encontraremos un hecho inconmovible: el yo nuestro, triste, idéntico a ese del que huimos. Por lo tanto, trato de estar en paz y agradecido con mi situación actual, sin implorar nada a nadie, pero siempre trabajando en mi.


Pero entonces, ¿no te vas a ir?

 

Claro que me voy a ir, sigo teniendo la idea de irme a la mierda, pero el motivo ahora es otro, no quiero irme para ser feliz o sentirme realizado, sino porque creo que hay cosas que viviendo acá nunca las voy a poder experimentar o siquiera conocer. Como por ejemplo aprender a hablar algún idioma de forma fluida, entrar en contacto con gente e ideas de todo el mundo, saborear platos que mi paladar desconoce, bailar ritmos exóticos, deleitarme con los paisajes del mundo y escuchar nuevas melodías provenientes de la historia de otras culturas, en definitiva, tener una vida rica en experiencias.


El colmo de toda la cuestión es que seguramente voy a terminar viviendo en argentina, porque crecí acá y más allá de ser un ser bastante solitario, cuando viví en el extranjero (Perú y E.E.U.U) extrañé el fútbol con los pibes, el mate y las charlas que lo acompañan, los asados de los domingos, el locro del 25 de mayo y porque no unas empanadas, es decir, sentí la falta de esa cultura del encuentro que tenemos tan dentro nuestro que ni siquiera nos damos cuenta que la poseemos o que no todas las culturas la tienen.


Por ultimo, no debemos permitir que la frustración invada nuestra vida por no poder complacer todos nuestros deseos, la vida no se trata de eso, sino de viajar, trabajar en lo que nos gusta, ganar dinero, conocer personas y culturas nuevas, tener tiempo para nosotros, disfrutar de la rutina, en fin, tener una vida independiente.

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